martes, 28 de junio de 2011

Pedro Páramo ya no vive aquí (o la historia de un robo inconsciente)

Pues sí, era uno de esos libritos que te dejan en algunos hoteles para ayudarte a coger el sueño. El título que me trasladó a Comala, me hizo sonreír… y di por hecho que era un obsequio al igual que los productos de higiene. Cuando descubrí mi error, ya estaba muy lejos de allí. Con el libro en mi maleta, claro…
México puede ser indescifrable. Así pensamos muchos de quienes aquí nacimos y seguimos viviendo, y eso hemos aceptado, impávidos, con nuestros ojos habituados a mirar lo inaudito como si fuera lógico, como si el tiempo lo volviera invisible.
El periodista Paco Nadal narra un recorrido apasionante, haciéndote partícipe de sus vivencias. Me lo reservé para leerlo en México. ¿En qué mejor lugar?
Adoro los libros de viajes (más que las guías). Supongo que porque no imagino una vida sin viajar… porque me animan a conocer sitios nuevos y disfruto al descubrir en ellos referencias familiares.
El periplo comienza en Chiapas, el estado más indígena y olvidado de México, en plena revolución zapatista. El sueño del subcomandante Marcos… Si ya me moría por visitar San Cristóbal de las Casas, ahora es un objetivo vital.
Sus calles empedradas con casitas de planta baja y tejado rojo aparecen salpimentadas con multitud de capillas y templos barrocos. La plaza principal es el Zócalo, epicentro emocional de esta urbe de ritmo pausado y calores tropicales.
De ahí pasamos al DF, una megalópolis en la que aún perviven rincones capaces de trasladarte a una época dorada.
Hasta la revolución la ciudad de México fue una urbe tranquila y provinciana con avenidas flanqueadas por árboles, edificios e iglesias coloniales que parecían pasteles de primera comunión, como describe Ángeles Mastretta en “Arráncame la vida”, tranquilos paseos y placitas somnolientas.
Visitando pueblecitos mágicos anclados en el tiempo…
En Real de Catorce no hay ni una sola construcción que haya alterado el urbanismo y el espíritu original del pueblo minero del siglo XVIII.
Hasta llegar a las Barrancas del cobre, el escenario transitado por Pancho Villa y los buscadores de oro…
A ambos lados se elevan poderosas agujas de roca. Conforme el tren juguetea más y más con el abismo, me pregunto a qué loco se le ocurriría trazar una vía férrea por semejante lugar.
Al terminar sentí lo mismo que hace unos años, con “Amor América” de Maruja Torres. Que sería feliz si pudiera dedicarme a viajar y escribir crónicas de mis viajes…

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