martes, 28 de junio de 2011

Sentidos (y sensibilidades)

Es todo lo que soy, una vieja máquina de escribir. Un artefacto metálico y pesado de teclas anquilosadas. Mi destino está cumplido, ya he caducado. Pero un día fui un instrumento útil. O al menos, así me sentí. Porque hice feliz a esa niña que me recibió como regalo de cumpleaños. En mí escribió sus primeros cuentos, dando sentido a mi existencia.
Luego las mareas del azar me llevaron con ese pobre estudiante que tuvo que ahorrar durante meses para llevarme a su pequeña habitación alquilada del casco antiguo. Apenas si tenía para calentarse en las frías noches de invierno, pero cuando tecleaba su alma ardía como una chimenea.
Más tarde me acariciaron las cansadas manos de un anciano, que me utilizó para contar su vida. Había oído decir los auténticos escritores son los que escriben a máquina, y eso era exactamente lo que él quería ser.
Después de tanto ir y venir, de tantas palabras impresas, de tantas historias con el mismo olor a tinta que me ha acompañado desde el inicio de mis días, he acabado en este polvoriento almacén de reliquias en el que tus ojos se han posado sobre mí. Y quizás, si así lo quieres, aún pueda volver a hacer lo único que sé hacer…

Para E., que me ha pintado una sonrisa en el corazón dándole un nuevo sentido a mi vida.

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