martes, 28 de junio de 2011

Viajar al pasado


Y mientras abajo las ruedas traqueteantes corrían hacia un porvenir todavía
invisible que reservaba a cada cual algo diferente, los pensamientos de los dos
flotaron en sueños regresando al pasado.
Viaje al pasado. STEFAN ZWEIG
Es de esos libros que cuando encuentras no puedes dejar de llevarte, aunque ya lleves más de los que la prudencia aconseja. Te dices a ti misma: “es pequeñito, casi no cuenta…”, con esa autoindulgencia que tan bien conoces. Porque las ferias del libro dan carta blanca… Porque sabes que hay autores que nunca defraudan, historias que hueles desde lejos e intuyes que te acelerarán el pulso…
Un amor que surge en circunstancias inadecuadas, una guerra y muchos kilómetros de por medio, un reencuentro. Y hasta ahí puedo leer…
Admiro esa capacidad de Zweig para expresar sentimientos universales de una forma tan gráfica, tan poética...
a pesar de la irresistible pasión que dominaba sus sentimientos, filtrándose en sus sueños…
solo sus miradas se besaban…
la sed de sus palabras…

Porque a veces la pasión se filtra en tus sueños aunque tú no quieras, las
miradas se besan sin que se ejecute el menor movimiento… la sed de palabras es
tan grande que te seca la garganta y de paso el corazón…
También los sueños, que parecen no ser de este mundo, necesitan alimentarse de sensaciones, el sostén de la ternura y de lo palpable, de otro modo su sangre y su intensidad pierden brillo.
Me encanta la visión retrospectiva, las cuentas pendientes (aunque me pregunto hasta que punto merece la pena saldarlas), el efecto del tiempo sobre lo que un día enajenó tus sentidos…
Una joyita…

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