martes, 28 de junio de 2011

Volver

Volver a México lindo es un sueño reincidente hecho realidad. Ya sé que dicen que segundas partes nunca fueron buenas y que al lugar donde has sido feliz no deberías volver. Pero es que resignarme a no ver más “mi tierra mexicana” es algo que duele solo de imaginarlo…
Sé que no será lo mismo (porque entre otras razones yo no soy la misma), pero me dejé algo allí que espero recuperar. O al menos constatar su buena salud para quedarme tranquila… Algo que tiene que ver con la amistad, con la independencia, con una cercanía más allá de los kilómetros.
Los recuerdos se agolpan reclamando su lugar, obligándome a evocar momentos felices, paisajes familiares, lecturas, imágenes, y una sensación que me sacude de la cabeza a los pies como un vendaval. Actos tan simples como jugar una partida de billar o desayunar tortas ahogadas cobran un significado especial.
Este año tenía que ir… Lo supe el uno de Enero cuando una fragancia me transportó a mi México querido. No es que fuera un propósito, sino una evidencia. Añoro mi ranchito, sí. El acento, los sabores, la calidez. Hasta tengo ganas de volver a probar una de esas salsas endiabladas con las que se te saltan las lágrimas. Sueño con pasear de nuevo por el zócalo, ver los frescos de Rivera del Palacio de Gobierno, entrar a la Librería Ghandi, desayunar en Sanborns, tomar el aperitivo en el Café de la Ópera, visitar la Pinacoteca Virreinal y otros museos que quedaron pendientes… Y mucho más. Volver a la Ciudad de las Rosas donde me esperan “mi hermanita” y un chingo de divas cabronas… Sentir que nunca me fui, que el tiempo quedó detenido en esa época maravillosa.

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